sábado, 21 de septiembre de 2013

Comentarios a "Vivir sin porqué", de M. Eckhart (Parte I. Rito o acción)

Este sermón intenta dar una justificación teológico-moral de una máxima propia de los teólogos cristianos más radicales, a saber, que las únicas acciones que pueden ser realmente buenas (digo buenas para evitar el discurso teológico, para que no se me pongan locos) serán tan sólo las que no se realicen para tal o cual fin, aún si este fin es algo así como servir a Dios. 

"... quien busca a Dios según un modo toma el modo y olvida a Dios, que se oculta en el modo. [...] Si un hombre verdadero, que actúa desde su propio fondo, pregunta: "¿Por qué realizas tus obras?", si pudiera contestar rectamente diría "las hago porque las hago". (Vivir sin por qué, M. Eckhart, 92-103)

En este sentido podemos apoyarnos en el sermón "El templo vacío", donde se explica que quienes comercien en cuestiones religiosas (yo actúo para tu mayor gloria, tú a cambio me das un lugar en el cielo) no realizaran acciones genuinamente buenas.

Me parece que aquí hay una aceptación implícita de dos tesis:

1) Que el egoísmo psicológico es cierto, es decir, que todas las acciones morales humanas (acciones morales en el sentido de ser actos de la voluntad sujetos a juicio moral) están condenadas a tener como fin último un fin egoísta: la propia satisfacción, la propia felicidad, etc. 

2) Que ninguna acción que tenga un fin egoísta puede ser una buena acción.

De 1) y 2) se sigue fácilmente que los seres humanos no podemos obrar bien nunca como resultado de los ejercicios de nuestra propia voluntad.

La cuestión hasta este punto presenta dos problemas:

a) Si no podemos actuar bien ejerciendo nuestra propia voluntad, pero sí podemos hacerlo de tal manera que no involucremos nuestra voluntad (los ritos o costumbres, por ejemplo) ¿en qué sentido podríamos seguir diciendo que estamos actuando moralmente, dado que ya no interviene la voluntad?

b) No tendríamos cómo pedir buenas acciones a las personas y toda la moral sería un discurso vacío.

Para a), habría que re-definir este concepto (acto) o encontrar uno mejor. Para b), hay tres posibles caminos: Modificar 1), modificar 2) o modificar ambos. 

La estrategia de Eckhart consiste en "estirar" el concepto de acción moral, de tal manera que incluya los ritos o costumbres. Es decir, modifica 1) y deja 2) intacto. Hoy en día pensaríamos en hacer justo lo contrario, es decir, mostrar contraejemplos a 2) y trivializar 1) (véase el libro de James Rachel, Introducción a la filosofía moral, el capítulo dedicado al egoísmo psicológico).

La solución no consiste en decir que el egoísmo psicológico es falso, sino en incluir en "acciones morales humanas" todas aquellas cosas que tendríamos que hacer como parte de un rito. Un ejemplo actual sería la ceremonia del pastel de cumpleaños. No hay una voluntad dirigida a un fin egoísta al apagar las velas, ni una creencia en particular del individuo que sopla (al menos en la mayoría de los casos), lo único que hay es una costumbre heredada, el mero cumplimiento del rito. Podríamos decir lo mismo de alguien que reza por las noches o que va a la iglesia los domingos sin pensar que por esas acciones se está ganando el cielo, sino que lo hace por rito. Cito:

"Allí donde la criatura termina, allí empieza Dios a ser. Ahora Dios no pide otra cosa de ti, sino que salgas de tu modo de ser creatural y que dejes a Dios ser Dios en ti." (103-106)

Ahora bien. ¿En qué sentido podemos juzgar positivamente las acciones que no ejercemos por voluntad propia, buscando algún fin? ¿en qué sentido podemos juzgarlas siquiera como acciones?

Creo que la respuesta viene por el lado de la pasividad. Hay que dejar a Dios ser Dios en nosotros. Quizás podemos ver un acto en este dejarse, una cierta decisión, y ésa sería el único elemento que permitiría identificar una acción como buena: cuando es el resultado de abandonar los deseos propios y de actuar sin más de acuerdo con Dios. ¿En qué consiste ese actuar? No tengo idea, en todo caso no sería algo que uno pudiera investigar o deducir, quizás aquí entra lo místico: el actuar sería guiado por una experiencia e intuición fundamentales incomunicables.

Incomunicables, ¿por qué? Parecería una mera solución ad hoc, oportunista, tramposa; ya no tienes respuesta, así que argumentas que no puede haber respuesta y que no puede explicarse por qué no puede haberla. 

Habrá que hacer una parte II.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Wittgenstein: Misticismo y filosofía del lenguaje

En el ciclo escolar 2013-2014 se realizará una investigación sobre diversos temas filosóficos con estudiantes del Centro Universitario México. Los resultados serán expuestos en un concurso anual organizado por la UNAM, pero se gane o no algún premio, quisiera dejar un registro escrito de nuestras lecturas y pláticas que además esté abierto a discusiones y comentarios. Pero sin esnobismo, por favor.

Los temas son, como dice el título de la entrada, el misticismo y la filosofía del lenguaje en Wittgenstein. Nada nuevo y, sin embargo, resulta medianamente tabú.

Me imagino que el problema es que Wittgenstein es típicamente leído por filósofos "analíticos" que suelen rechazar el tratamiento de estos temas por razones oscuras. La clasificación de analítico/continental, si bien muchos la rechazamos, no dejamos de usarla en el ambiente más cotidiano de la academia. Es decir, en conversaciones del tipo:

-Oye, ¿ya conoces a Sutanita?
-Sí, la de nuevo ingreso.
-¿Y como a qué le tira?
-Uy, pues como que le gusta Hegel, Heidegger, Gadamer...
-Újule, continental.

No sé cómo sea en otras partes del mundo, pero en la Ciudad de México, si estudias filosofía en una universidad que no sea la UP, La Salle, la Ibero o similares, los temas religiosos sólo pueden salir de tu boca si es para degradarlos como área de estudio o como vivencia, argumentando cosas científicas, psicológicas (separé científicas y psicológicas, no me golpeen), políticas o sociales, pero rara vez filosóficas. Hay una especie de remordimiento heredado porque ya desde hace varios años se le ha echado a la religión la culpa de innumerables tragedias de muy diversos tipos (asesinatos, violaciones, terrorismo, educación, economía, etc.) De repente, es una verdad casi dogmática que la religión hace daño, entre otras cosas, porque es muy dogmática.

Conforme avanzamos en la carrera, parece ser menos herético hablar de religión, pero no deja de ser un tema que optamos por abordar para denigrar, o evadir. En el ámbito de quienes preferimos abordar los problemas filosóficos a partir de observaciones e investigaciones sobre el lenguaje, parece ser un presupuesto filosófico que si un tema no se deja abordar fácilmente desde un punto de vista lingüístico con buenos -interesantes- resultados filosóficos, entonces no debemos hacer esa investigación; el presupuesto que le hace compañía a éste es que los problemas filosóficos de la religión no dan buenos resultados desde un punto de vista lingüístico. 

Por un lado, pienso que esto puede ser una muestra de sinceridad intelectual porque se reconoce la pobreza de resultados que, a juicio del filósofo, resultaría de tal investigación. Por otro lado, creo que también tiene algo de flojera o cuando menos de abandono injustificado del tema, pues creo que el giro lingüístico sí da jugo filosófico al abordar la religión con un poco más de esfuerzo o que podríamos intentar otro método y no aferrarnos a uno solo.

Quiero reiterar que hablo de mi ranchito, de mis compañeros y profesores, cuando menciono estas actitudes y prejuicios. No sé cómo funcione actualmente en otros lugares del mundo, pero creo que aquí el fenómeno es suficientemente interesante como para escribir al respecto.

Pero bueno, el punto es que quien se considera "analítico" (aunque sólo se lo confiese a su osito de peluche) no abordará un tema religioso con buenos ojos, no pondrá el principio de caridad por delante.

Y entonces llega Wittgenstein, un filósofo que se ha convertido en padre intelectual, pero sobre todo moral, de una buena cantidad de personas interesadas en la filosofía. Creo que con excepción de su prohibición a la postulación de teorías en filosofía, su visión del quehacer filosófico es compartida y aceptada, a veces silenciosamente, por una buena cantidad de filósofos. En el Tractatus se toma con seriedad impresionante el giro lingüístico, traza una meta Kantiana, habla de ciencia, matemáticas, lógica. Pero también de la voluntad, del sujeto metafísico, del solipsismo, de Dios y de lo místico.

Esos temas también le dieron comezón a Russell cuando leyó el libro de Wittgenstein. Pero, eventualmente, los lectores del Tractatus los aceptaron como parte de la obra y los entendieron como una manera elegante y poderosa de deshacerse de las investigaciones filosóficas al respecto. Parece que la tendencia sigue hoy en día, si bien no muy explícitamente.

Por eso es un poco tabú. Les aseguro que no me aceptarían este tema como proyecto de maestría en la UAM-I, pero la investigación es interesante independientemente de que nos den un premio o no por ella.

Hay muchos textos sobre el misticismo en Wittgenstein; Malcolm mismo escribió un texto muy interesante al respecto. Nosotros haremos lo propio y espero que los frutos sean buenos, pues haremos fuertes y serias lecturas de filósofos medievales, no sólo de Wittgenstein, Malcolm, Kenny, Tomasini, Villoro, etc.